Posteado por: javierposada | 3 noviembre, 2009

Con la rabia en el corazón

Con el permiso de la ex parlamentaria Ingrid Betancourth, me he permitido usar el nombre su libro “La rabia en el corazón”, para titular mi columna. No encontré una mejor frase que pudiera sintetizar la indignación y el repudio que me ha producido la desaparición, violación y asesinato de la abogada Lía Patricia Násser Gaviria.

En algunas fotos publicadas en facebook se puede ver la angustia de su familia soportando la incertidumbre, clamando por noticias, suplicando compasión. Fue la misma cara de la madre del pequeño Luis Santiago mientras respiraba la esperanza de encontrarlo. Es el rostro de la muerte que nos muestran en otras vidas los noticieros, es la escena que se repite mientras Colombia se desangra y el Estado Social de Derecho pasa a ser el preámbulo de un juramento a la bandera (llamada quizás seguridad democrática).

En Magangué, durante muchos años sólo alcanzábamos a conmovernos con los hechos de violencia que registraban los medios, hoy dejamos de experimentar en cuerpo ajeno y vivimos con dolor y algo de nostalgia, la muerte de personas queridas e inocentes.

Sobrevivimos anclados en un pasado enriquecedor, cuando la Magangué cosmopolita de Don Antonio Botero realmente tenía un corazón abierto para su gente, es el Magangué de mis recuerdos, pero el de hoy es un pueblo que, como diría Feliciano, está tendido como un viejo que se muere en la pena y el abandono.

La muerte de Lía Násser, Luis Santiago, la señora asesinada con el collar bomba, nuestra amiga Vilma Cárcamo de Arrieta, el joven Orlando Méndez y muchas otras que nos han estremecido, tienen en común la indolencia frente a personas inocentes, y en la mayoría de los casos, todas estas historias tienen el triste desenlace de la impunidad.

Siempre me he declarado un católico confeso, devoto de “la negrita” y he crecido con la idea de un Dios todopoderoso, pero ahora tengo mis dudas y prefiero creerle al teólogo suizo Hans Küng, quien más allá de su ética mundial, reconoce la presencia de Dios como un ser excepcional, infinitamente misericordioso, pero quizás no todo poderoso. Prefiero esta explicación a la ya manida respuesta del “libre albedrío” de los hombres.

Rabia en el corazón y no hay perdón para quienes se creen con el derecho de degradar la vida humana, de violar a una mujer, de asesinar a un niño, de matar a una madre, de acabar con los sueños de un joven, de aprovechar la vulnerabilidad para planes siniestros.

Será qué es el momento de considerar reformas al sistema penal de nuestro país? Será necesario endurecer las penas y trabajar con más ahínco por recuperar los valores cívicos ciudadanos? Será que somos una sociedad sin futuro?

Esta vez mi columna es una columna triste y un poco pesimista, lo reconozco. Creo que no hay nada más sintomático de lo imperfecto y primitivos que somos como especie, que todo esto que ocurre en nuestra sociedad. Sólo espero que el amor sea más fuerte y alcance para sobreponernos al dolor. Quiero contagiarme del optimismo de Obama y pensar que la fe podrá ganarle al temor.

Entre tanto, el ambiente político en Magangué sigue agitado, ojalá está vez no nos equivoquemos y elijamos un gobernante digno de nuestra historia y con la suficiente responsabilidad para enfrentar el futuro.

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